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LA MUJER DEL FLUJO DE SANGRE, ¡UNA EXPERIENCIA DE FE!

LA MUJER DEL FLUJO DE SANGRE, ¡UNA EXPERIENCIA DE FE!

La mujer del flujo de sangre, ¡una experiencia de fe!

MUJER PARA LA GLORIA DE DIOS·

“Cuando oyó hablar de Jesús, se acercó por detrás entre la multitud, y tocó su manto” (Marcos 5:27).
Las mujeres entendemos y comprendemos perfectamente los sufrimientos por los que tuvo que pasar, y experimentó esta mujer.

Aunque era un azote para ella, no obstante, terminó siendo una experiencia de bendición, porque fue el motivo ideal para acercarse al Señor Jesús; ¡el único que podía sanarla y salvarla!
No conocemos su nombre, pero sabemos que había estado sangrando durante doce años, había sufrido mucho en manos de todo tipo de médicos, había gastado todo lo que tenía, y le iba aun peor (V. 25 y 26).
Aquello que la cultura occidental llama discretamente “condición femenina,” había devastado la vida de esta mujer. En cuanto a la sexualidad, no podía tocar a su marido. En cuanto a la maternidad, no podía tener hijos. En cuanto a las labores domésticas, todo lo que tocaba se consideraba inmundo; en lo económico lo había gastado todo. En cuanto a lo espiritual, no podía entrar en el Templo. Estaba completamente condenada al aislamiento y a no tener vida social.
Ahora, físicamente agotada, económicamente en ruinas y socialmente aislada, oye hablar de las maravillas hechas por Jesús, y piensa: ¡Si solamente puedo tocar el manto de Jesús, seré salva! (V. 28). Ella no solamente tenía la necesidad de ser sanada sino también de ser salva.
No le fue tarea fácil, porque la multitud era grande, y ella estaba muy débil. Primero tuvo que abrirse camino entre la multitud que la separaba de Él, y luego, vencer el temor y el miedo, dejando a un lado los impedimentos religiosos; ¡lo intentó!, ¡se esforzó!, ¡y lo logró! (V.27).
Cuando esta mujer llegó finalmente hasta Jesús, y tocó su manto, ocurrieron dos cosas:
1.- Él la sanó. La fe de ella obtuvo la respuesta inmediata de Jesús (v. 29).
2.- Es la única mujer a la cual Él llamó “hija” en las Escrituras: “Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; vé en paz, y queda sana de tu azote” (V.34).
Es muy importante resaltar que ella no solamente fue sanada, sino que también fue salva por poner su fe en Jesús.
Dios, por su inmenso amor y misericordia, permite enfermedades, ruinas económicas, problemas en la familia, frustraciones, fracasos etc. para atraernos a Él y salvarnos; y si estamos enfermos, sanarnos también. ¡Dios es bueno y se glorifica en medio de toda circunstancia!
El plan de Dios para sus hijos lo vemos en Juan 10:10, que nos dice “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”.
¡Imagínate como debió sentirse esta mujer! Todo su mal se fue en un instante; ya era libre para vivir y reintegrarse a su cotidianidad, para comenzar de nuevo, pero de la mano de su salvador, su Sanador, su libertador; ya no era huérfana ni desahuciada, ¡Era hija!
Hoy, Jesús está al alcance de tus oraciones y de tu fe. ¡Así que alcánzale, tócale y sé salvo/a, sé sanado/a por su misericordia!
Levanta tus oraciones en fe ante el trono de la Gracia; Él te responderá y te socorrerá! (Hebreos 11:6; 4:16). ¡Nuestro Gran Sumo Sacerdote Jesús el Hijo de Dios, quien venció la muerte, y traspasó los cielos, está a la diestra del Padre como nuestro abogado intercediendo por nosotros!
Derrama tu corazón en su Santa Presencia, sea cual sea tu necesidad, como lo hizo el salmista: “Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy enfermo; sáname, oh Jehová, porque mis huesos se estremecen. Vuélvete, oh Jehová, libra mi alma; sálvame por tu misericordia (Salmos 6:2, 4).

admin

septiembre 5th, 2018

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